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ANÉCDOTAS

VARIAS ANECDOTAS TAURINAS DE AYER Y HOY.
2008-06-16 17:29:21
por: AFICIONPERU.COM


Rafael Gomez "El Gallo"

Las cosas del “Gallo”

 Toreaba Rafael el “Gallo” en Madrid. En su primer toro hizo, además de su conocida “espantá”, una de las peores faenas de su vida torera. Llovieron almohadillas, y el público se hartó de gritarle.

Cuando el “Gallo” decaído por su suerte, volvió junto a la barrera, Vicente Pastor, que lo apreciaba mucho, se creyó obligado a consolarle. Y así, le dijo, con tal fin:

- ¡Hay que ver cómo está el público esta tarde, Rafael!... A lo que el “Gallo” le respondió con viveza:

- Para vosotros, colosal. ¡"Ya los he dejao a tos roncos” !


Rafael "El Gallo"

División de opiniones

 

Acababan de celebrarse las corridas de la feria de Córdoba. Rafael el “Gallo” regresaba en el tren a Sevilla. Durante el trayecto, en el pasillo del coche-vagón tropezó con un amigo que, desde Madrid, se dirigía también a Sevilla.

Tras saludarse efusivamente, recayó la conversación sobre las corridas de Córdoba. Fue el amigo preguntando al “Gallo” por la actuación de todos los diestros que en ellas tomaron parte, así como el juego que había dado el ganado. Al fin le dijo:

- Y tú, ¿qué tal has estado? ¿Qué opinaba el público de tu actuación? A lo que el “Gallo” contestó con seguridad:

- Pues, mira, de mí sólo sé decirte que las opiniones quedaron divididas.

- ¿Entre tú y el “Bomba”? – preguntó el amigo.

- No –respondió Rafael--. Que unos se metían con mi madre y otros con mi padre.

 


Rafael Guerra "Guerrita"

El mejor torero

 

Charlaba Rafael, “El Guerra”, con un grupo de amigos cuando uno de estos le dijo:

- Oye, Rafael, ¿quién crees tú que después de ti ha sido el mejor torero durante este periodo de la historia de España que termina hoy con la coronación del Rey Alfonso XIII?

- Después de mí “nadie”, y después de “nadie”, Antonio Fuentes respondió muy serio el diestro de Córdoba, cuya contestación arrancó las carcajadas de sus amigos.


Cortarse la coleta

 

Rodeado de varios admiradores Rafael  “El Guerra” les contaba la emoción que sintió el día de su retirada de los ruedos.

- Después de haber toreado en Zaragoza –empezó diciendo—vine a Córdoba, y aquí, en mi casa, mi mujer, delante de mi madre, de mis hijos y de los hombres de mi cuadrilla y de varios amigos, cogió la tijera y me cortó la coleta...

- ¿Sentiste algo raro? –preguntó uno.

- Sí. Yo, al sentir el ris-ras de la tijera, sentí cosa... una cosa que me tuvo unos minutos sin poder hablar... Y esta emoción se aumentó cuando vi que mi madre le cortaba también la coleta a mi hermano Antonio, y que "Beao", mi picador de confianza, que conmigo había trabajado siempre, llamó a mi hijo Rafaelito, y, con lágrimas en los ojos, le dijo, dándole la tijera:

- Anda, “chavea”, córtame a mí también la trenza, que yo no quiero servir a “nadie” después de haber “sío picaor del mejó” torero de España.


Veras … hay muchos

 De los Veras, de Cádiz, fue aquel famoso aficionado a quien, como un novillo le partiese el revés del vientre, dejándole mal herido, dispuso en el testamento que lo enterraran boca abajo para que siempre se viera la gloriosa herida.  El tal, que tenía un humor comparable con el de don Francés de Zúñiga, bufón de Carlos V, decía a su pobre mujer, cuando él ya se encontraba embarcado para el otro mundo:

-¡Hija mía, no te cases! Veras hay muchos; pero no encontrarás un toro que te mate el segundo marido

Francisco Arjona "Cuchares"

Cuchares Ganadero

 

Cuando Cuchares se metió a ganadero,  por cierto con penoso resultado, dijo un día al duque de Veragua:

-Ahora vera usté lo que es criá toros güenos…

Y el duque, encogiéndose de hombros, le contestó:

-Desengáñate, Curro, las guitarras  nunca las han hecho los tocadores.


"El Gallo"

¡Enviadlo a la cárcel!

 Las reacciones de los públicos presentes en una plaza de toros son muy dispares y en ellas influyen una gran cantidad de factores: las faenas, el tiempo, el ganado...Por ello, a menudo se producen grandes manifestaciones de fervor popular en una plaza, tanto a favor como en contra.

En esta ocasión, pasamos a relatar una anécdota sucedida a Rafael Gómez El Gallo en Valladolid. Antiguamente, se tenía por práctica habitual anunciar seis toros para dos toreros.

Habiendo matado El Gallo el primero de su lote, no había tenido el ilustre torero mucha suerte y su actuación había sido más bien gris. En esto que un espectador comenzó a increparle duramente a la muerte del toro y gritaba:

- A la cárcel, a la cárcel con El Gallo...
A lo que Rafael, consciente de que aún le quedaban dos toros encerrados, respondió:
- A la cárcel... ¡qué más quisiese yo con lo que me queda ahí dentro!


"El Juli"

Ponce y “El Juli” mano a mano con saco y corbata.

Siendo muy chico a “El Juli” le concedieron en España el premio al mejor becerrista de la temporada 1994. La entrega fue el 1 de abril de 1995. Ese día el becerrista se enfadó con su padre porque le obligó a ponerse saco y corbata, prendas que no había utilizado desde su primera comunión. Así vestido y malhumorado, el niño torero recibió su premio al lado del matador de toros premiado en esa fecha, Enrique Ponce.


Los novillos para ustedes y el toro para mí.

El 12 de octubre de 1996 toreaban en un festival taurino en Palencia Antoñete, El Niño de la Capea, Curro Vázquez y “El Juli”. En los corrales había varios novillos y un toro con 500 kilos de bien conformado cuerpo. Hay sorteo, y al chico de 14 años le toca el toro. El resto de participantes comentan la conveniencia de cambiarlo para que al toro lo mate un matador de toros y no un novillero. Los alternantes encuentran prudente este cambio. Pero el becerrista se niega.
Resultado del festival: Antoñete, Capea y Vásquez cortaron una oreja. El Juli le cortó las 2 orejas y el rabo al toro de 500 kilos.

El brindis de la paz

 

El 26 de abril de 1998 alternan en Tijuana, México, César Castañeda, Francisco Aviña y “El Juli”.

En el cuarto novillo correspondiente a Castañeda; Aviña hizo un quite que no le gustó a César y se suscitó la discusión entre ambos. Castañeda invitó a sus dos compañeros a banderillear con él, pero remarcando las malas maneras con Aviña, llegando a empujarse. Esta situación hubiese pasado a mayores si no interviene “El Juli”.

En su segundo novillo, éste invita a sus dos compañeros a compartir el tercio de banderillas. Les brinda a ambos su faena de muleta y los invita en ese momento a darse las manos y a hacer las paces.


"El Juli" y su madre

Gracias doña Manoli

 

Hotel Río de Badajoz, junio del '98. Hace más de dos horas que terminó la novillada. Un señor de mediana edad se acerca a doña Manoli Escobar de López y educadamente le dice:
-¿Es usted la madre de “El Juli”?
-Pues sí...
-Gracias señora...

Ya llegamos a “Sortie”?

Viajaba "Curro Cuchares" con su cuadrilla con dirección a una población francesa donde habría de actuar, y, pasada la frontera, despertó bruscamente y preguntó:

— ¿Adonde estamos?

Y el banderillero de su cuadrilla –Matías Muñiz— después de deletrear un rótulo fijado sobre la puerta de salida de la estación francesa donde había quedado estacionado momentáneamente el tren, respondió:

— Estamos en "Sortie" lo que significa “salida” en francés.

Volvió a dormirse "Cuchares", y al poco rato, se detuvo de nuevo el tren, abrió otra vez los ojos, miró al exterior y al ver un letrero igual al de la estación anterior, creyendo se trataba del mismo, no pudo contenerse y exclamó:

— Tanto habla de que los trenes “franchutes” corren más que el viento, y todavía estamos en "Sortie"?

Un lamentable lleno de bandera

Se celebraba en San Sebastián una becerrada   benéfica en la que tomaban parte varios distinguidos aficionados. Uno de éstos era el crítico don Joaquín Bellsolá apodado "Relance".

Don Joaquín no tenía que hacer otra cosa que poner un par de banderillas a un becerro ; pero tuvo tan mala suerte que el becerrete le atropellase, le derribara y le diera un revolcón. Conducido a la enfermería, pronto se comprobó que el renombrado crítico solamente había sufrido un susto mayúsculo, y ya repuesto de él, al preguntarle los amigos si se encontraba bien, respondió tan ingenua como cándidamente:

— Sí, sí; me encuentro bien. Lo único que siento es que me haya visto alguien rodar por el suelo... ¡Y la plaza estaba llena hasta la bandera!


Manuel Garcia "El Espartero"

Un vestido de canario

En cierta ocasión, Manuel García, "El Espartero" mandó hacerse un vestido amarillo, confiado de que este color le daba buena suerte. Pero ocurrió que la misma tarde que lo estrenaba sufrió tantas y tan aparatosas cogidas que salió de la plaza completamente molido y sin ganas de bromas. Una vez en el hotel los amigos comenzaron a dirigirle frases más o menos irónicas y ocurrentes acerca de la "buena suerte" del trajecito amarillo, hasta que el diestro acabó por reír y exclamar:

—La verdad es que me he "pasao" la tarde tapando goteras en las nubes.

A lo que replicó su banderillero Malaver:

—Pero, como no habías de pasarte volando toda la tarde, si iba vestido de canario.

Fallos con la puntilla

EI que fue picador de toros Antonio Ramírez, 'Memento", ya retirado y ejerciendo de Alcalde en Salteras (Sevilla), se encontró en la calle una mañana al ex-banderillero de la cuadrilla del "Espartero", José Malaver, "El Mellao", que estaba casi moribundo.

—¿Qué hay, Malaver? — le preguntó "Memento".

—¡Mal, muy mal! — respondió el enfermo.

—Hombre, no estarás tan mal, cuando sales de casa. Me habían dicho que no te movías de la cama.

—Efectivamente; pero es que si estoy de pie, es porque me ha levantado el puntillero.


Sobran letras y cariño

En cierta ocasión, Enrique Vargas,  "Minuto" hubo de dedicar un retrato suyo al maestro que le había enseñado a leer y escribir, y la dedicatoria que escribió en la fotografía decía:

—"A mi querido y "hadmirado" maestro don “fulano de tal”, a quien le devo el saber leer y escribir".

Cuando el maestro leyó la dedicatoria, se indignó, como es natural, al ver como andaba de ortografía su ex-discípulo.

—Pero hombre de Dios —le dijo—. ¿Yo te he enseñado a escribir admirado con hache?

Y "Minuto" replicó de inmediato:

—Mire usted, es tanto el cariño que siento por usted, que todas las letras me parecen pocas para demostrárselo.


Fernando "El Gallo"

Unos zapatos con huecos

Fernando "El Gallo", gran torero, pero muy deficiente estoqueador, fue a matar cuatro toros a la Isla de San Fernando, complaciendo así a un compadre suyo que se hizo empresario de la corrida. Era el tal compadre, zapatero de profesión y pensaba utilizar en su industria del calzado, las pieles de los cuatro toros. El maestro Fernando no estuvo muy acertado con la espada y pinchó más de la cuenta, sobre todo estoqueando al cuarto toro que lo volvió loco. Cómo sería la cosa, que el empresario-zapatero poniéndose de pie, le gritó: — ¡"Compare" de mi "arma"!... Pare "usté" la "ametrallaora" que no me va a "queá" libre un 'peaso de piel pá jaserle" unos zapatos a los chiquillos.

Zoología Taurina

 

Antiguamente, cuando no se concebía que hubiese coletudos sin apodo, .éstos recurrían a buscarlos entre las más pintorescas procedencias, y no fue la Zoología la que menos contribuyó a darles una solución, tal y como se desprende de estos versos publicados allá por el 1894: "Dice un cartel que se fija en la calle del Espejo: Toros de Colmenar Viejo. Matadores: "Lagartijo", "Gallo", "Lobito" y "Conejo".

Y uno que el anuncio ve, así murmura en seguida: —Aseguro por mi fe que eso no es una corrida, sino el Arca de Noé".


Lucía Bosé y Luis Miguel Dominguín

El Número Uno

La primera vez que Lucía Bosé vio torear a Luis Miguel Dominguín fue en la plaza  de toros de Jaén. El diestro atravesaba por uno de sus mejores momentos, y esa tarde, sabedor de que Lucía estaba en el tendido, salió dispuesto a armar el taco. Pero las cosas no le rodaron bien y el público se enfadó con él más de la cuenta. De mal genio y muy abatido llegó al hotel donde se había vestido. Al poco rato apareció Lucía con cara de haberse aburrido bastante; Luis Miguel no comentó la corrida, pero Lucía le dijo: —¿ Y tú eres el número uno de los toreros? Pues como serán los demás...


José Lara "Chicorro"

Cataratas toreras

El famoso Rafael Molina, "Lagartijo" y José Lara, "Chicorro”, se encontraron en un balneario, después de haber dejado el primero los toros y cuando el segundo se encontraba en el ocaso de su carrera taurina.

—Pero… ¿es que ya no piensas torear? — preguntó el cordobés al de diestro de Algeciras.

—Es que soy viejo, Rafael —contestó "Chicorro"—, y voy a quearme ciego porque las cataratas se me van jasiendo cá vé más grandes. En la plaza estoy en un continuo compromiso. No jago más que tropezar con los caballos.

Y "Lagartijo" le interrogó maliciosamente: —¿Y cómo es, José, que no "tropieza" con los toros?

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