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TAUROMAQUIA: COMO DEFENDER LA FIESTA BRAVA. UN ARTICULO ESCRITO POR EL DR. LUIS ALFONSO GARCIA CARMONA DIRECTOR EJECUTIVO DE ASOTAURO DE COLOMBIA.
2012-09-18 10:17:01
por: Dr. Luis Alfonso Garcia Carmona

Los invitamos a leerlo con detenimiento este articulo en defensa de la fiesta dentro del marco de la conferencia dictada por el Dr. Luis Alfonso Garcia Carmona en el Primer Curso Teórico de Tauromaquia organizado por ASOTAURO.


Como defender la fiesta brava (1)

Se ha traído este tema a consideración de Ustedes como consecuencia del escenario en que nos ha correspondido vivir.

Hace unos pocos años prácticamente era impensable que tuviéramos que dedicar nuestro tiempo y nuestro magín a este menester: la Fiesta de los Toros, como escribió un gacetillero, no necesitaba que la defendieran, se defendía por sí sola.

(2)Se defendía, en primer lugar, porque se trata de un ARTE  en toda la extensión de la palabra. Así la define el Diccionario de nuestra lengua. Toreo: Arte de torear. Igualmente la Ley 916 de 2004 , art. 1º. reza: “Los espectáculos taurinos son considerados como una expresión artística del ser humano.”

Quien observe con detenimiento una corrida de toros, descubrirá en ella muchas facetas artísticas: el colorido de la plaza (3); la plasticidad que emana de una faena; el drama representado en el ruedo, en tres actos, como en el teatro; las suertes, que al ser ejecutadas con estética, semejan pasos de ballet(4); la música que acompaña la representación. Solamente quien carece de sensibilidad artística puede sustraerse a su embrujo. Y apoya nuestro dicho, el de otros con sobrada autoridad como  Salvador de Madariaga, que afirma que el toreo “participa de casi todas las artes. Fundamentalmente es un drama: el hombre está en constante peligro, y el toro, destinado a la muerte.(5) Este hecho le da una especial tensión. A este aspecto dramático se unen las demás artes. Una corrida es una pintura de una belleza impar, en la que juegan papel decisivo el color y la luz cambiante.(6) A la vez, es una obra maestra del arte escultórico y en ella son decisivos elementos del ballet, porque es una síntesis de color y movimiento. Y no cabe imaginar corrida de toros sin música.”  O Ramón Pérez de Ayala: “Los toros son un arte y un drama”. O García Lorca.” El toreo es, probablemente, la riqueza poética y vital mayor de España”.

Pero es, a su vez, origen y causa eficiente de otras manifestaciones artísticas. ¿Quién puede dudarlo, después de escuchar la ópera Carmen?(7) O de deleitarse con las pinturas de Picasso, Dalí, Botero, Miró, Goya (8) y tantos otros que perpetuaron con sus pinceles la Tauromaquia? O de elevar el espíritu con la lectura de los poemas de García Lorca, Miguel Hernández, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Jorge Guillén, Dámaso Alonso o Rafael Alberti, o con los escritos de Blasco Ibáñez o de Ernest Hemingway? (9) O de asistir a obras inmortales del cine como “Sangre y arena”? (10)O de admirar esculturas como las de Benlliure? (11)O de disfrutar una zarzuela como “El gato montés” o uno de tantos pasodobles, suites, coplas, cante flamenco y obras musicales de diversos géneros inspiradas en la Fiesta de los Toros? Para Vargas Llosa “ la fiesta de los toros es algo más complejo y sutil que un deporte, un espectáculo que tiene algo de danza y de pintura, de teatro y poesía, en el que la valentía, la destreza, la intuición, la gracia, la elegancia y la cercanía de la muerte se combinan para representar la condición humana.”

Y, en defensa de la Fiesta Brava, hay que resaltar – en segundo lugar- que hace parte de nuestra cultura. Somos una nación con un origen multiétnico, y una parte de nuestra cultura la recibimos de la península ibérica. Junto con la Religión y la lengua castellana, recibimos la afición por la fiesta de los Toros. (12)

Hay constancias históricas que nos cuentan cómo desde la época de la Colonia empezaron a darse festejos taurinos en Colombia, con motivo de las celebraciones políticas o religiosas. En algunos países como el nuestro, según lo expresa Mario Vargas Llosa, “ es una antigua tradición, profundamente arraigada en la cultura, una seña de identidad que ha marcado de manera indeleble el arte, la literatura, las costumbres, el folclore, y no puede ser desarraigada de manera prepotente y demagógica, por razones políticas de corto horizonte, sin lesionar profundamente los alcances de la libertad, principio rector de la cultura democrática.”

Ahora que se cuestiona la Tauromaquia, vale la pena señalar, en tercer lugar,  sus valores éticos, tema que no suelen reconocer sus detractores. Nuestra juventud carece de héroes que les inculquen valores morales. No. Ahora los ídolos son los cantantes de rock (13) o de otros ritmos modernos endiosados por la publicidad, las modelos “siliconadas”, los capos de la droga ensalzados en la televisión, los nuevos ricos. En cambio en la corrida de toros se juzga y se admira el valor de un hombre frente a una fiera que está dispuesta a matarlo; (14)la inteligencia del ser humano sobre la feroz acometida; la disciplina que implica la preparación del torero para enfrentarse a la muerte; la responsabilidad de quien se viste de luces con el público y consigo mismo, jugándose la vida para demostrar y demostrarse a sí mismo que ha superado el miedo a la muerte y que está preparado para la lidia .En suma, toda una gama de virtudes y valores escasas en el mundo de hoy, o al menos en los espectáculos que éste nos ofrece.

Y, ¿cuáles son, entonces, las razones que se esgrimen para pretender la abolición de las corridas de toros?

PRIMERA.- Que en las corridas de toros el público se reúne para disfrutar con la tortura de un animal.

 

Al respecto son contundentes las palabras del filósofo Fernando Savater (15) “Dejemos de lado esa sandez de que el aficionado disfruta con la crueldad y el sufrimiento que ve en la plaza: si lo que quisiera era ver sufrir, le bastaría con pasearse por el matadero municipal. Puede que haya muchos que no encuentren simbolismo ni arte en las corridas, pero no tienen derecho a establecer que nadie sano de espíritu puede verlos allí”.

Partamos de la definición de tortura:”Es hacer sufrir voluntariamente a un ser humano indefenso, ya sea por puro placer, ya sea para obtener algún beneficio como contraprestación de ese sufrimiento.

a)    Las corridas de toros no tienen como objetivo hacer sufrir al animal; en la pesca y caza deportivas, en el sacrificio de aves y ganado, etc., también se causa la muerte del animal, pero tampoco su objetivo es hacer que éste sufra. Si se prohibieran todas las actividades humanas que puedan tener como efecto el sufrimiento del animal, habría que prohibir el consumo de carne, pescado, actividades de recreación, de trasporte, etc., que causan dolor o estrés a los animales ;

b)    Las corridas no tendrían sentido sin la pelea del toro. La tortura exige que se haga sobre un ser indefenso, todo lo contrario de lo que ocurre en la corrida. Lo que interesa a los aficionados es la pelea del toro, no que éste sea torturado. Como dice el filósofo Francis Wolff (16) ” El sentido, la esencia y el valor de la corrida descansa sobre dos pilares: el primero es la lucha del toro que no debe morir sin haber podido expresar, de la mejor manera, sus facultades ofensivas o defensivas; el segundo pilar, simétrico del primero, es el compromiso del torero, el cual no puede afrontar a su adversario sin jugarse la vida. Ninguna corrida tendría interés sin ese permanente riesgo de muerte del torero. ¡De nuevo, esto es justamente lo contrario de la tortura!

c)     Las corridas de toros no tendrían sentido sin el riesgo de la muerte del torero. Para torturar a alguien hay que hacerlo sin asumir el más mínimo riesgo, todo lo contrario de lo que ocurre en la corrida.

d)    Si un toro fuera torturado, huiría. Lo que pretende la lidia es hacer pelear al animal, no torturarlo. El toro de lidia, frente al estímulo recibido, repite su embestida.

e)    Hablar de tortura es confundir al hombre con el animal. No debemos confundir la pelea de un animal bravo con las infames torturas aplicadas por el nazismo o las que aún reciben los presos políticos en algunos lugares. Sería una falta de respeto con las víctimas de esos verdaderos actos de tortura.

f)      La corrida de toros es cruda, pero no cruel. En palabras de Savater, “ sería cruel si a uno le gustase ver sufrir al animal, cuando lo que en realidad le gusta es verle luchar, ver el combate”.(17)

SEGUNDA.- Que con las corridas de toros se vulneran los derechos de los animales.

Jurídicamente no es posible hablar de derechos de los animales. Derecho, en sentido objetivo, es el conjunto de normas que regulan la conducta humana. En sentido subjetivo sería la prerrogativa individual, u objeto asignado a un individuo, quien lo ejerce frente a otro individuo o frente al poder público. Algunos derechos se extienden a entes colectivos compuestos por seres humanos y se conocen como derechos humanos. Los derechos, en fin, sólo pueden corresponder a un sujeto individual o comunitario, pero no existen derechos animales o vegetales. “Los animales no son sujetos de derechos fundamentales” dijo la Procuraduría General de la Nación (concepto No. 3943 del 2006).

Cuando la norma está orientada a la protección de determinados animales, a evitar el sufrimiento de los mismos, etc., el titular de la misma no son los animales objeto de la norma, sino la sociedad misma. En Colombia, existen normas de protección, con excepción expresa para las corridas de toros. Estas normas han sido demandadas varias veces y otras tantas han sido declaradas exequibles por la propia Corte Constitucional.

So pretexto de salvaguardar los inexistentes derechos de los animales, se pretende desconocer los derechos inalienables de los seres humanos, estos sí consagrados en nuestro ordenamiento constitucional, tales como la libertad para asistir a un espectáculo público, el libre desarrollo de la personalidad , el libre acceso a una manifestación artística que hace parte de nuestro patrimonio cultural, el derecho al trabajo de todos aquellos que viven de la Fiesta Brava (ganaderos, empresarios, toreros, trabajadores de las fincas ganaderas, personal auxiliar de las plazas de toros, transportadores, comerciantes , etc. ) .

TERCERA.-  Que hacen parte del medio ambiente que estamos obligados a proteger y, por lo tanto, se deben prohibir las corridas de toros.

Confunden los “antitaurinos” ecología con animalismo. Se parte del erróneo concepto de que el medio ambiente comprende también a una especie como el toro de lidia, criada por el hombre para un fin determinado, y que es bien diferente a las especies que hacen parte de la fauna y la flora que conforman los recursos naturales. El Decreto 2811 de 1974 , en su art. 277, se refiere concretamente a “la conservación, fomento y aprovechamiento racional de la fauna silvestre” como materia de dicha reglamentación. Allí no se cobija al toro de lidia, al cual se aplican las normas contenidas en el Reglamento Taurino Nacional, que es la norma legal dictada específicamente para esta actividad.

Por el contrario, lo que acontece en la realidad es que la crianza del toro bravo, (18) que requiere de grandes extensiones alejadas de los centros urbanos, donde las reses bravas tengan el menor contacto posible con los seres humanos, propician la protección de las biodiversidad. Los bosques naturales, las fuentes de agua, las especies menores, la flora y la fauna se conservan en su estado natural, gracias a la presencia de las ganaderías de reses bravas.

CUARTA.- Que los animales sienten dolor y son muy similares al ser humano; que la única diferencia entre ellos y nosotros es de un grado; y, que tienen capacidad de experimentar emociones próximas a las de los seres humanos.

Es ésta una falacia denominada “antropomorfismo” por científicos como el profesor Joao Pedro da Silva Ramos Barreiro,(19) y que consiste en asimilar los animales a los seres humanos, desconociendo sus diferencias morfológicas. Se ha llegado a la absurda exposición de cuerpos humanos con banderillas adheridas a su piel y simulacro de sangre que, en suma, lo que expresan es que para semejantes fanáticos es lo mismo matar un toro que un ser humano (Y, en Medellín, donde se perdió hace rato el respeto por la vida humana, lo cierto es que se le quiere dar más importancia a la muerte del toro en la plaza que a la de miles de jóvenes en las comunas).

El profesor Juan Carlos Illera del Portal, (20) Director del Departamento de Fisiología Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, durante 10 años ha realizado pruebas de laboratorio a cerca de 4.100 toros y novillos de lidia ,(21) lo que lo ha llevado a concluir que , frente a un estímulo externo, liberan una serie de betaendorfinas que disminuyen el stress y el dolor durante la lidia. Ha comprobado que el tálamo, que es un receptor de neurotransmisores, tiene en el toro de lidia un tamaño superior en un 20% al de otros bovinos y que, al momento de recibir el mayor estímulo, como sería  en la pica, el toro libera 10 veces más de cortisol que las que libera una mujer en el parto. La velocidad del efecto de estas hormonas es en el toro un 60% mayor que en otras especies. Esa es la razón por la cual el toro vuelve donde el picador, pues la sensación de dolor desaparece en milisegundos .

Con diferencias tan protuberantes entre la morfología del toro y los demás animales y, sobre todo, entre el toro de lidia y los seres humanos, no podemos aplicar a los toros los parámetros que se predican de las personas y, mucho menos, afirmar que éstas sólo se diferencian del animal en un solo grado.  Como afirma Savater, “los bárbaros son los que confunden a los humanos y animales y los tratan a todos igual”.

El reconocimiento de la excepcionalidad y singularidad del ser humano frente a los demás seres es justamente la base de toda la ética. Como enseñaba Ortega y Gassett, la ética y la moral están siempre referidas a las relaciones entre los hombres, no entre los hombres y los animales. Otro filósofo, Fernando Sabater, concluye: La moral trata nuestra relación con nuestros semejantes y no con el resto de la naturaleza”. Abandonemos de una vez los argumentos antropomórficos que, al final de cuentas, son un irrespeto hacia la persona humana.

QUINTA.-  No debe matarse al toro porque no tenemos derecho a hacerlo.(22)

Qué es lo que se condena? Matar un animal? O matarlo para algo diferente de comer su carne? O , acaso, lo condenable es matarlo en público? Proclamar que todos los seres vivos tienen derecho a la vida es un absurdo. En la naturaleza, nos seres se alimentan de otros. El hombre siempre ha matado animales: por necesidad de defenderse, porque son portadores de plagas, para satisfacer necesidades alimentarias, o de vestido, por razones religiosas o recreativas, etc. En el mundo actual, la muerte de los animales con fines alimenticios se lleva a cabo en forma mecanizada (23)  y, en algunos casos como el de los pollos, los cerdos, etc., después de un largo cautiverio contrario a la naturaleza del animal.

El toro de lidia, por el contrario, recibe una muerte acorde con su naturaleza agresiva, dándosele todo el respeto que merece y, después de una vida llena de cuidados, en contacto directo con la naturaleza y alejado en lo posible de todo acontecimiento que pueda causarle el más mínimo estrés. Por eso se ha catalogado al toro de lidia como el animal que tiene uno de los más altos niveles de bienestar durante su existencia.

Ahora se habla de que no se pueden dañar los seres “sintientes” bajo ningún pretexto, principio que puede ser válido en la doctrina budista, pero no en un mundo que mata a esos seres para alimentarse, vestirse o aprovechar los recursos de origen animal en infinidad de productos.

SEXTA.- Me decía en estos días un parlamentario que la cultura no es estática sino cambiante, y que la tendencia universal es hacia a la protección de los animales y hacia la abolición de las corridas de toros. Y me daba como ejemplo, la determinación del parlamento catalán de abolir las corridas en Barcelona.

a) Vale la pena aquí aclarar que no estamos en contra del movimiento de protección a los animales. De hecho, no conozco a ningún aficionado a los toros que no guste de los animales. El caballo, por ejemplo, es un constante compañero de las faenas taurinas en el campo. Y las mascotas de toda índole hacen parte de la vida familiar de los taurinos.(24)

b) En cuanto a la aparente tendencia mundial hacia la abolición de las corridas, no es más que el fruto de campañas muy bien orquestadas y financiadas por parte de grupos fundamentalistas y de activistas que han encontrado en este tema un filón para proveer a su subsistencia o para acceder a cargos de representación popular. No es sino observar en los medios las protestas de los animalistas para concluir que son unos pocos, casi siempre pagados para salir a vociferar, los que asumen la vocería de toda la sociedad.(25)

Lastimosamente, los medios de comunicación se han sumado a tales manifestaciones, con la política de que arrastra más “rating” la noticia de 100 manifestantes en las afueras de la plaza, que la presencia de 5.000 espectadores asistiendo tranquilamente a un espectáculo. Es que, mientras el activista antitaurino es fanático y no se cansa de manifestar sus opiniones en toda clase de escenarios, el aficionado a los Toros sólo aspira a concurrir tranquilamente a su espectáculo preferido, sin molestar a nadie y sin intentar convencer a los demás de que se unan a su afición. No hace proselitismo; prefiere, como los humanistas del Renacimiento, disfrutar  del arte dentro de un ámbito propicio para su apreciación. El aficionado a los toros piensa como Joaquín Sabina:”El que no quiera ir a los toros, que no vaya”.

c) Si observamos, despojados de todo prejuicio, grandes orientadores de la cultura en la actualidad son admiradores de la Tauromaquia y así lo han expuesto en sus libros, sus obras de arte, sus reportajes. El premio Nobel de literatura, Mario Vargas Llosa, por ejemplo; el actor del cine francés, Gerard Depardieu,  (26) el pintor Fernando Botero, el dramaturgo Antonio Gala, los cantantes Miguel Bosé y Joaquín Sabina, el escritor mexicano Carlos Fuentes, el filósofo Fernando Savater, el académico de la Lengua, Camilo José Cela, el filósofo francés, Francis Wolff, Andrés Calamaro, etc.  No es cierto, pues, que la tendencia universal de la cultura esté evolucionando hacia la abolición de las corridas de toros. No son mejores intérpretes de la cultura quienes esgrimen el argumento de la piedra, la pancarta y la ofensa, que los genios de la literatura y de las artes que acabamos de enumerar.

d) Tampoco nos debe servir como argumento de dicha pretendida tendencia lo ocurrido en Cataluña. No solamente los estudiosos de la historia española, sino cualquier desprevenido espectador de la política de la Madre Patria, sabe que el origen de tan funesta determinación es el espíritu regionalista del catalán, su afán por sentirse más europeo que español, su rechazo sistemático a todo lo que signifique la unidad del pueblo español; y de eso no podía escaparse la Fiesta Brava, considerada como la Fiesta nacional de España.

d) Para no ir más lejos, Francia, país que se ha ubicado en los últimos siglos a la vanguardia de la creación y difusión de la cultura occidental, acaba no hace mucho de declarar la Tauromaquia como patrimonio cultural inmaterial. Qué pueden argumentar contra esto los antitaurinos? (27) También en la Unión Europea la Fiesta Brava salió ilesa con una abrumadora votación europarlamentaria que encontró importante que los pueblos mantengan sus propias identidades culturales.

g)    Lo que sí existe es una “destaurinización” de la sociedad, motivada porque ahora hay una oferta de ocio más amplia y más asequible a los bolsillos, pero también más vacía y banal. La corrida, en cambio, es un espectáculo auténtico, que refleja la presencia de la muerte pero también la esperanza de vida, y que transmite valores y principios no aptos para espíritus mediocres. Con razón afirmaba recientemente Bruno Delaye, embajador de Francia en España que la corrida “ es el último espectáculo que no se puede desvirtuar”.

h)    En un mundo que tiende a la globalización, no sólo económica, sino también cultural, la Tauromaquia representa una manifestación viva de la diversidad cultural que debemos preservar, especialmente frente a la avalancha de las materialistas modas de origen anglosajón. No olvidemos que la corrida de toros es el evento no religioso más antiguo que aún permanece en nuestros días.

i)       Al contrario de lo que el citado parlamentario piensa, la tendencia actual, al menos en el mundo occidental, está orientada hacia el respeto a la diversidad cultural, hacia la tolerancia por las diferentes opiniones y aficiones, hacia la garantía de las libertades personales para decidir qué hacer, cómo recrearse, dónde ir, cómo pensar.

SEPTIMA.- Que las corridas de toros se deben prohibir porque son un factor que genera violencia.

Este argumento se lo escuché a un argentino que se ha dedicado a atacar las corridas de toros por todo el mundo hispano. Pues tengo que contestarle que eso no es cierto. Bastaría con asistir a una corrida de toros y presenciar cómo el publico está concentrado en lo que ocurre en la arena , como asistiendo a un rito, en el cual cada espectador es un juez del valor, de la inteligencia del torero, de la bravura y la belleza del toro, de cómo se conjugan el arte y la técnica del hombre para someter a la fiereza y agresividad del animal . Allí no se genera violencia alguna, no obstante las diferencias de apreciación por parte de los asistentes. No ocurre así con el fútbol.(28) Es un hecho de público conocimiento que no requiere ser probado por su evidencia, los desmanes que causan las barras de partidarios de los equipos de fútbol : daños, lesiones personales, homicidios, etc.  Pero a nadie se le ha ocurrido por ello prohibir los partidos de fútbol. Será que es más grave la muerte de un toro de lidia, que es el fin para el cual fue criado, que la de inocentes espectadores, entre ellos, hasta menores de edad, por el mero hecho de ser hinchas de un equipo o por estar en el momento y lugar equivocados? Y, de paso, me pregunto yo, mientras la Fiesta de los Toros es portadora de valores eternos, cuántas obras maestras del arte o de la literatura se han inspirado en el fútbol?

Como anécdota, les quiero contar que he asistido durante 50 años a la plaza de toros de La Macarena y sólo he presenciado dos hechos violentos: La colocación de una bomba por los narcotraficantes en las afueras de la plaza y los daños causados por elementos antitaurinos a los vehículos de los aficionados que presenciaban una corrida de toros. Será esa la nueva “cultura” que los enemigos de la Fiesta Brava nos quieren imponer?

OCTAVA.- Que el toro de lidia es sometido, antes de salir al ruedo, a prácticas agresivas para disminuir sus capacidades. Es otra falacia más de los enemigos de la Fiesta que carece de asidero en la realidad. Ni el ganadero, ni el empresario, ni el torero están interesados en que el toro salga disminuido y no permita el lucimiento. Quienes esto afirman, sólo tienen que asistir una mañana de corrida a los corrales de la plaza para que se convenzan de lo contrario. (29)

Pero ahora, paradójicamente, en un país que se precia de ser libre  y demócrata, se habla de la prohibición o, de la desnaturalización,  de las corridas de toros, como si ello no significara cercenar precisamente esas libertades  e irrespetar el derecho de cada ciudadano, o de cada grupo, mayoritario o minoritario, a que se le respeten sus gustos, sus creencias, sus aficiones. Veamos algo sobre este tema:

A.- A quienes están a favor de la abolición de las corridas de toros, por el supuesto sufrimiento que se causa al animal, yo les preguntaría si estarían también a favor de la prohibición de todas las actividades en las que con fines alimenticios o de otra índole, se causa sufrimiento a los animales,(30) como la caza, la pesca, la utilización de animales en laboratorios, el sacrificio de animales para obtener de ellos el calzado, las pieles y otros elementos, etc.

Así como unos disfrutan con una langosta que, para ser cocinada, ha sido lanzada viva al agua hirviente, para los taurinos, como dice Vargas Llosa, la ”fiesta de los toros representa una forma de alimento espiritual y emotivo tan intenso y enriquecedor como un concierto de Beethoven, una comedia de Shakespeare o un poema de Vallejo”.

B.- En un país como el nuestro, donde impera la violencia, el sufrimiento de las clases marginadas, la crueldad ejercida por grupos ilegales de toda laya, el abandono de la niñez, los desplazados o desarraigados de sus tierras, la violencia intrafamiliar, etc., es una hipocresía dedicarse a combatir las corridas de toros, olvidándose de los verdaderos problemas que agobian a la población.

Con este movimiento “antitaurino” sólo se consigue crear un nuevo motivo de conflicto, no una solución. Ya en las afueras de las distintas plazas estamos asistiendo los días de corrida a las manifestaciones de energúmenos que se dedican a proferir insultos contra el público y contra los protagonistas del espectáculo taurino. En Medellín y otras ciudades han llegado a lanzar artefactos explosivos, causar daños a los vehículos y enviar amenazas de muerte a periodistas taurinos.

C.- Quienes dicen amar a los animales, al buscar la prohibición de la Fiesta de los Toros, lo que logran es la extinción del toro de lidia. (31) Porque éste subsiste gracias a la Fiesta de los Toros. No existiendo ésta, la especie también deja de existir, pues el toro bravo sólo sirve para embestir y su crianza no sería rentable para otros usos.

D.- No es menos grave el tema social. Somos un país donde varios millones de compatriotas se debaten entre el desempleo, el subempleo y la miseria. Es un factor generador no solamente de injusticia social, sino también de inseguridad, cuya atención debe ser prioritaria por parte de las autoridades y de quienes representan al pueblo en las corporaciones públicas. Poner fin a las corridas mediante prohibición directa o a través de mecanismos que las conduzcan a su desaparición (como serían las normas que buscan su  desnaturalización), equivale a eliminar miles de empleos directos e indirectos. No solamente las gentes que viven directamente de la actividad taurina ( toreros, empresarios y sus empleados, ganaderos y sus obreros, etc.) sino también todos los que derivan parte de su sustento u obtienen ingresos en la temporada taurina (32) ( chóferes, personal de hotelería, personal de bares, restaurantes y del comercio en general, vendedores ambulantes, concesionarios de puestos en las afueras de la plaza, etc.)

E.- Desde el punto de vista filosófico, es inaceptable la prohibición, así como los subterfugios que se buscan a través de restricciones que convierten la corrida en un remedo de la misma. En palabras del Premio Nobel de Literatura, Vargas Llosa, “es algo que socava un fundamento esencial de la vida democrática: el de la libre elección”. Es que el concepto de libertad abarca muchos aspectos: libertad creativa, de empresa, de expresión, de credo, de elegir formas de esparcimiento. John Stuart Mill incluye en la libertad, la de ejercitar los propios gustos. Todo ello se vendría bajo con una prohibición de dar espectáculos completamente despojados de sus factores esenciales.

Otro argumento jurídico consiste en que cualquier limitación a la libertad del individuo debe estar fundamentada en la preservación de otro valor superior del ordenamiento jurídico. Cuál es ese valor que autorice privar a los ciudadanos de presenciar el espectáculo taurino en su total autenticidad? Acaso, ¿ garantizar los “derechos” de los animales que sabemos que no existen? O, ¿ será imponer a la fuerza a la población el gusto de los vegetarianos?

F.- Cuando no ha sido posible por las vías legales o judiciales suprimir de un tajo las corridas de toros, se apela al subterfugio de permitirlas siempre y cuando no se cumpla con aspectos tan esenciales como la suerte de varas, las banderillas y la muerte del toro en el ruedo. Ello equivale, de todas formas, a acabar con las corridas : Cómo medir la bravura del toro sin que vaya al caballo? (33) Cómo juzgar la habilidad del banderillero y el comportamiento del bóvido frente al estímulo de los rehiletes? Cómo valorar la técnica y el valor del torero a la hora de matar? Dice al respecto el escritor Ignacio de Cossío:” Es un acto de hipocresía absoluto, y pregunto. ¿El toro una vez lidiado para qué sirve? Para llevarle a un matadero y morir electrocutado o acuchillado en silencio, y todo para que no se exhiba su muerte en público, así el acto hipócrita se redime, despoja y tranquiliza nuestras conciencias.”

G.- La búsqueda por todos los medios de prohibir las corridas, o de conseguir que se les impongan medidas que lleguen a desnaturalizarlas en su esencia para que nadie vuelva a ellas, no es sino un signo de intolerancia. Es un afán de prohibir, de menoscabar, de injuriar todo aquello que no esté acorde con la concepción de los enemigos de la Tauromaquia. Eso tiene una sola definición. Es puro fascismo. La Tauromaquia es una tradición con profundas raíces culturales que merece ser respetada como debe respetarse un grupo social, una minoría étnica o cultural, o una escuela ideológica. Privar a los ciudadanos de su libre derecho a presenciar la corrida en toda su integridad equivale a querer la homogenización de los gustos, a atentar contra el libre desarrollo de la personalidad garantizado en al Constitución Nacional; es un brutal acto inquisitorial como el de los que pretenden proscribir por decreto a los ateos, los judíos, los homosexuales o todos aquellos que no compartan sus mismas interpretaciones de la vida, sus mismos gustos. En su lugar, proponemos , como lo hacía un editorial del diario francés Le Figaro: “ Cuando no se comparte una pasión, basta con abstenerse”.

H.- Cuando se intenta entronizar normas de obligatorio cumplimiento que desestimulen la celebración de las corridas de toros, se está invadiendo el fuero personal de los ciudadanos. Como lo comenta Savater, es “escandaloso” que un Parlamento “quiera dictar la moral de sus ciudadanos, cuando su labor es fijar normas de convivencia para garantizar el ejercicio de las libertades individuales”. Y lo que se dice del Parlamento, se aplica igualmente a los Concejos Municipales en nuestro medio.

I.- Pero, además, cualquier intento de dar un entierro de tercera a la Fiesta Brava por la vía de las restricciones  de la corrida, incurre en una absoluta violación de las normas constitucionales y legales que en Colombia obligan al Estado, a sus representantes y funcionarios, a nivel nacional o local, a promover y proteger las manifestaciones culturales. Y está más que demostrado, en la reiterada jurisprudencia de la Corte Constitucional, que la Tauromaquia hace parte integral de nuestro patrimonio cultural de origen hispánico. Atendiendo a tan explícito mandato, cualquier clase de limitaciones que se impongan a una manifestación cultural. como lo es la Tauromaquia, deben estar extraordinariamente justificadas.

En conclusión, ¿de qué manera práctica puede cada aficionado contribuir de manera eficaz a la defensa de la Fiesta Brava?  (34)

PRIMERO.- Asociándose. No tiene la misma fuerza en la sociedad la voz aislada de cada uno de nosotros que la de todos unidos para constituir un sólido grupo de presión. Existe en Medellín la ASOCIACION PRO DEFENSA DE LA FIESTA BRAVA, ASOTAURO, fundada con ese fin exclusivo. Aspiramos en ella reunir las voluntades de todos los buenos aficionados.

SEGUNDO. Preparémonos para defender con argumentos intelectuales  los ataques que, apelando a la sensiblería o a la ignorancia de las gentes, se lanzan contra la Fiesta Brava  . Ustedes ya han empezado asistiendo a este curso. Recomiendo el libro “50 razones para defender las corridas de toros, del profesor Francis Wolff para profundizar en esta materia. Gracias a  ASOTAURO que lo importó de España,  lo tenemos ya a su disposición.

TERCERO.- Votemos en las elecciones por aquellos candidatos que brinden garantías a la continuidad de las corridas de toros, sin que sufran  menoscabo en sus aspectos fundamentales. No caigamos en la cómoda posición de los que se van para la finca el día de elecciones, esperando que los demás resuelvan por ellos cómo va a ser el futuro de la ciudad.

Para concluir, quiero traerles las palabras de Ignacio de Cossío que sintetizan todo lo anterior, así:

“La tauromaquia es un arte que inspira a otros, los toros son cultura en sí mismos, la fiesta tiene una belleza intrínseca, posee una ciencia denominada tauromaquia, poseedora de una técnica; justifica la cría de una raza única y además ejerce como una escuela de buenas costumbres y escala de valores hoy en peligro de extinción en nuestra sociedad y que se puede confirmar a diario en una feria cualquiera de toros. Es la cosmología perfecta, yo diría que es una explicación del mundo: el yo ante el mundo que viene a destruirme con sus peores fuerzas, pero gracias a mi valor y mi inteligencia las venzo, siendo el más débil.”

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