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CONVERSEMOS DE TOROS
2015-12-08 21:11:18
por: AFICIONPERU / PEDRO LEÓN MARTÍNEZ


En diversas ocasiones he leído y he escuchado describir el segundo tercio como “la bella e inútil suerte de las banderillas”. Como aficionado no comparto esa aseveración; soy de quienes creemos que todo lo que constituye la lidia tiene una razón de ser que se encamina a la creación de ese arte instantáneo, repentino y diría que mágico,  que es el toreo. El segundo tercio permite que el matador, sea porque observa el desarrollo a cargo de los subalternos o porque se encarga de ejecutarlo él mismo, aprecie las condiciones en que ha quedado el toro después de ser picado. Cuando lo hacen los miembros de la cuadrilla, que es lo que se da en la mayoría de los casos, el matador presta especial atención al subalterno encargado de la lidia, pues es quien con el capote va colocando al toro para la suerte y allí podrá apreciar cuales son las tendencias de la embestida y la fuerza con que el toro está llegando para el tercio final, apreciación valiosa que le servirá para el desarrollo de su faena de muleta.

Las banderillas se colocan por dos miembros de la cuadrilla en tanto el otro se encarga de la lidia. Este será el primer o el segundo subalterno, según lo hayan acordado o dispuesto el matador. El que actúe como primer banderillero colocará el primer y el tercer par de banderillas, en tanto el tercero de la cuadrilla colocará el segundo par. En el otro toro de su matador, lidiará el que fue primer banderillero en el primer toro encargándose de colocar el primer y tercer par, mientras el tercero de la cuadrilla colocará siempre el segundo par, de tal manera que como podrá anotarse, al final cada subalterno habrá colocado dos pares de banderillas.

 


Las formas de colocar las banderillas son diversas, tanto en cuanto a lo que podríamos definir como estilo o de acuerdo a los terrenos donde se ejecuta la suerte. Lo más común es hacerlo al cuarteo, que consiste en correr hacia uno de los lados y al llegar al embroque levantar los brazos y clavar lo más juntos posibles los palos en todo lo alto detrás del morrillo. Cuando se inicia corriendo primero hacia el toro para provocar la arrancada desde distancia para luego cambiar de dirección se denomina un par de poder a poder pues toro y banderillero compiten para llegar pronto al embroque. Esta es para muchos la forma más emocionante y bella de cumplir el tercio, especialmente cuando, como debe hacerse, el banderillero cuadra en la cara del toro y mira entre sus brazos el lugar donde clava, lo que se denomina clavar “asomándose al balcón”. Cuando el banderillero clava después de haber pasado del pitón del lado donde ejecuta la suerte, se dice que clavó a toro pasado, que es una forma poco elegante y ventajista de ejecutar la suerte. Existen otras formas como hacerlo; “de dentro afuera” por ejemplo cuando el banderillero sale desde las tablas hacia afuera muchas veces saliendo desde el estribo que es una forma de hacerlo de poder a poder que resulta muy emocionante. Otra forma es la de hacerlo “al quiebro” que es cuando el banderillero, que normalmente en este caso es el matador quien ejecuta la suerte, espera al toro sin moverse, generalmente colocado cerca de la barrera y, cuando luego de citar espera el momento en que el toro se dirige hacia él, el espada saca el cuerpo hacia el lado de  las afueras de la barrera desviando la trayectoria del toro y luego regresa el cuerpo hacia la posición inicial clavando en el momento del embroque. Esta forma de ejecutar la suerte se hace a veces empleando banderillas cortas; sin embargo en este caso que muchos juzgan como temerario y meritorio, hay otras opiniones, las que personalmente comparto, que en este caso es menos meritorio porque con las cortas solo hay que hacer el quiebro sin necesidad de levantar mucho los brazos como ocurre cuando se hace con las banderillas largas que es más difícil.


Para que el segundo tercio quede concluido será requisito reglamentario que el toro muestre por lo menos 4 palos colocados. Cuando el banderillero de turno pasa en falso, sea porque el toro le iba ganando el viaje o porque el toro espera sin arrancarse lo que impide clavar,  el subalterno volverá a intentar cumplir su cometido, pero si vuelve a pasar en falso, deberá correrse el turno y entrará a actuar el que debía hacerlo a continuación. Como todo en la lidia, el segundo tercio se realiza con un orden establecido que es reglamentario. El matador de turno estará generalmente en la barrera al lado del burladero de matadores preparándose para el tercio final y estará pendiente de la lidia. El matador que tiene el turno siguiente se ubicará al centro del ruedo detrás del banderillero de turno de manera de auxiliarlo si hay necesidad haciendo el quite, El tercer espada se ubicará cerca de la barrera a espalda del toro y cerca de él estará el tercero de la cuadrilla del matador del siguiente turno. Estos últimos citados con el peón que dirige la lidia se encargarán de hacer el quite cuando el banderillero haya clavado y salido de la suerte, pues el toro normalmente tenderá a perseguir a quien acaba de clavar, por ello es muy importante que todos estén correctamente ubicados y atentos al desarrollo de este tercio.


Cuando la suerte se ejecuta correctamente es muy bonita y emocionante además de riesgosa pues el banderillero no lleva engaño alguno y debe confiar sólo en sus facultades. Han habido en la historia matadores que han sido muy buenos banderilleros desde Bombita, Gaona, Joselito, los hermanos Bienvenida, Pepe Dominguín por citar algunos antiguos y otros más de nuestra época como los hermanos Girón, José Julio, Paco Alcalde, los hermanos Esplá, Víctor Méndez, Antonio Ferrera y El Fandi. Y no solo matadores, hubo y hay grandes banderilleros entre los subalternos como Julio Pérez “El Vito”, Pepe Amorós, Luis Álvarez, Manolo Montoliú, José Antonio Carretero, David Adalid, Fernando Sánchez y Juan José Trujillo por citar algunos españoles y, entre los nacionales, Pedro Romero, Fernando Gonzáles “El Pato”, Raúl Mendiola y ese gran banderillero actual que es Dennis Castillo, entre los nacionales. Claro ejemplo de lo que digo han sido las ovaciones que aún resuenan como eco de la reciente Feria del Señor de los Milagros en la que en cada tarde se ha obligado a Dennis a agradecer montera en mano por sus brillantes pares de banderillas, ovaciones que han sido de las más intensas de la Feria.

En conclusión, podemos aceptar que cumpliéndose todo lo que hemos descrito que busca presentar lo que básicamente se debe saber sobre el segundo tercio, la colocación de las banderillas debe hacerse con pureza, elegancia y manejando la lidia sin exceso de uso del capote por quien está a cargo de la lidia para no desgastar al toro. Como queda expresado la suerte del segundo tercio es útil y bella cuando se ejecuta bien, por lo que entonces considero que no es correcto ni justo creer lo que algunos injustificadamente en el sentido de que las banderillas serían una suerte inútil.

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