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10 de Diciembre de 2018
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DEL TORO

LA CRIA DEL TORO BRAVO. UN ARTICULO QUE SUGERIMOS LEER A LOS AFICIONADOS, PORQUE ES IMPORTANTE COMPRENDER PLENAMENTE COMO VIVE, PARA SABER DEFENDERLO A CABALIDAD. LO QUE SE LLAMA EDUACION TAURINA, MUY VENIDA A MENOS EN ESTOS TIEMPOS.
2015-09-10 17:22:16
por: FOTOS: KACHI

Extraído de un interesante artículo de Micaela Maza en la revista TORO BRAVO de la Unión de Criadores de Toros de Lidia de 1995.


A menudo, en el silencio del atardecer, cuando el cielo se ha teñido de rojo y aún no ha refrescado, el mugir de los toros, peleándose o llamándose unos a otros, se oye por encima de los otros ruidos del campo. Estos animales, los toros bravos, son los reyes y señores del sur de España. Nacen y crecen en paz en esos campos, hasta que llega el momento –cuando tienen tres o cuatro años- de demostrar su valía.


Sus vidas, esos años que transcurren en libertad de los espacios abiertos, no serían posibles sino fuera por el destino que les ha sido así asignado –muerte en la plaza. Si esos toros fueran vendidos por su carne, su precio sería una décima parte del valor que alcanzan como reses de lidia, como toros bravos. Por tanto, por extraño que pueda parecer, estos animales viven solamente porque saben cómo morir, orgullosa y valientemente.


La cría del toro bravo es un trabajo al que, hay que dedicar muchas horas y un gran esfuerzo, y aun así nunca desaparece el riesgo de llegar a la plaza animales mansos, débiles, o en cualquier otra manera fallidos. La dedicación del ganadero sólo se verá recompensada si la corrida es un éxito: cuando el torero y el toro dan lo mejor de sí, para producir un espectáculo único, un ballet a vida o muerte entre el hombre y el animal. ¿Un negocio? Quizá para algunos, pero para la gran mayoría de los ganaderos es por encima de todo una pasión.


En el campo no hay toreros vestidos de grana y oro, no hay espectáculo, no se oye el clamor de la gente y sin embargo ahí es cuando el toro está más hermoso. Es ahí donde tiene lugar el trabajo entre bastidores: el arduo trabajo del día a día, que muchos desconocen y otros nunca han tenido la suerte de observar.

Es muy peligroso tentar a los toros con la muleta o el capote antes de llegar a la plaza y por lo tanto la selección, la cría de toros que tiene como objetivo producir animales cada vez más bravos, debe basarse en métodos mucho más complejos y sutiles que una mera prueba con la muleta. No existe entrenamiento posible para estos animales, si los toros fuesen toreados antes de la corrida, aprenderían para la siguiente vez que se vieran confrontados por el hombre y la muleta, no perseguirían las telas del capote y la muleta, el movimiento, irían directamente a por el hombre.


El proceso empieza con la selección de las vacas. Las hembras no serán lidiadas y por lo tanto pueden ser toreadas y su nivel de bravura definido. Esta prueba, la tienta de las vacas, es un primer paso extremadamente importante, dado que las vacas elegidas serán las madres de los futuros toros de lidia y las características de la madre, muy particularmente su valor, serán transmitidos a su cría. El tentadero tiene lugar en la plaza del ganadero y quien torea  a las vacas es por lo general un torero siguiendo sus directrices. Los comportamientos de la vaca en la plaza, hacia la muleta, con el caballo, son estudiados para permitir al ganadero tomar su decisión, la vaca volverá al campo y se convertirá en la madre de toros bravos, o será vendida para carne.


Los sementales son la piedra angular en la cría del toro bravo y por lo tanto su selección debe de seguir un proceso más riguroso. Primordialmente, hay dos motivos para escoger nuevos sementales, en algunos casos es por necesidad, es decir cuando uno de los animales existentes muere o se hace demasiado viejo y el ganadero debe reemplazarlo; en otras ocasiones si algún toro con la genealogía y conformación  adecuadas, a esto se le llama “hechuras”, se hiere en una pelea, rompiéndose un cuerno o dañándose alguna otra parte de su cuerpo, haciendo imposible por lo tanto su lidia en una plaza, es tentado para determinar la posibilidad de convertirlo en semental.


Esta prueba también se lleva a cabo en la plaza, pero tiene un carácter diferente. Físicamente, los toros son mucho más fuertes e impresionantes que las vacas. Su mera presencia dentro de la plaza, la achica, y los burladeros parecen hechos de algún material endeble en cuanto el toro pisa la arena. En un primer momento, se golpean los burladeros con varas y seguidamente el picador, desde su caballo, llama repetidas veces la atención del toro.


Sólo si el ganadero considera que las reacciones del toro son las adecuadas, sólo si el toro demuestra tener las cualidades necesarias de un semental, será confrontado con la muleta y toreado. Este es el paso más importante en un tentadero de machos, una vez que el toro ha sido toreado, no hay marcha atrás. Sí el toro falla este examen, no sólo no se convertirá en semental, sino que tendrá que ser vendido para carne y por lo tanto supondrá una importante pérdida financiera para el ganadero.

Los criterios utilizados por los ganaderos para separar los toros y vacas bravos de los no tan bravos son personales y a menudo, se basan en intuiciones inexplicables. Algunos puntos tales como la rapidez  en las embestidas al caballo, la manera en la que él animal obedece las órdenes del torero, o la distancia de su embestida son comunes, pero cada ganadero interpretara los signos a su manera y decidirá siguiendo su propio criterio.

Las hembras que han sido seleccionadas tienen como futuro una placentera vida en el campo, con la sola misión de engendrar y parir los becerros del semental. Cada vaca tiene un becerro por año, excepto un veinte por ciento que se prevé no quedarán preñadas. La duración de la gestación es igual a la humana y se planifica para que los becerros y becerras nazcan  cuando el tiempo es más suave, de setiembre a marzo. Si no se hiciera así y los nacimientos tuvieran lugar en verano los becerros tendrían una menor probabilidad de supervivencia, al no haber, generalmente, comida para ellos y sus madres, actualmente, sólo un dos por ciento son partos prematuros o mueren al nacer.


Cuando los becerros tienen entre seis meses o un año, tiene lugar el herradero. Todos los animales son marcados con el hierro de la ganadería, su año de nacimiento y su número de identificación individual. Esto es necesario puesto que tras el herradero los becerros son separados de sus madres y han de poder ser identificados entre el resto del ganado. Una vez se ha registrado la información sobre cada becerro, los animales vuelven al campo, donde se quedarán hasta que alcancen la edad necesaria para volver a formar parte del proceso de cría del toro bravo.


A los becerros de un año, se les llama “añojos”, a los de dos “erales”, y a los de tres “utreros” o “novillos”. A partir de este momento el animal alcanza la “mayoría de edad” y puede ser vendido para su lidia en la plaza, pero sólo cuando el toro tenga cuatro años será considerado como “adulto”. Los novillos no son tan pesados como los toros (que pueden pesar hasta más de seiscientos kilos) y son lidiados en novilladas, por novilleros, hasta que toman la alternativa. Sólo el toro adulto podrá ser lidiado en una corrida, cumpliendo así su destino, al morir en la plaza a manos de un matador de toros.


A pesar de los procedimientos tan estrictos de selección que aplica cada ganadero en cría de sus toros, la calidad de la bravura de los animales nunca está asegurada. Es en la plaza, entre el color del albero de la arena y el rojo de muleta (metafórico, ya que el toro no distingue colores), donde el animal mostrará su casta. Si el toro falla, el ganadero sabrá que él también ha fallado.

Estas criaturas, tan peligrosamente bellas, tienen una vida tranquila en los campos donde nacieron.  Observar un toro ahí en el campo, es un espectáculo único, muy distinto de lo que sería ver a ese mismo animal en la plaza, en el campo no hay intermediarios. Es algo hipnótico, el toro nunca aparta su mirada de quien se para a obsérvalo.


El estar o no de acuerdo con la lidia de un toro bravo no es lo que importa, lo más importante son estas criaturas majestuosas por derecho propio. Los toros son criados con un objetivo, pero pueden ser admirados y comprendidos lejos del gentío y de los toreros, cuando simplemente viven y no sólo en el momento de su muerte. Esa es la belleza inherente en el arte de la cría del toro bravo.

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